La única constante

mariela quintero

La única gran y verdadera constante en tu vida no son tus hijos, tu pareja o tu familia nuclear.

Obviamente tampoco lo son el trabajo o los amigos. No digo esto de manera peyorativa. Lo digo precisamente por todo lo contrario. Todos esos nexos son importantes y estarán en nuestra vida mientras los apreciemos y nutramos.  Somos como árboles, que echamos raíz y extendemos nuestras ramas para entrelazarnos con otras vidas. Muchos de esos nexos se han de disolver o transformar con el pasar de los años… Simplemente, hay hojas del árbol que se irán cayendo, cambiando su color o dando paso a nuevas hojas.

La única y verdadera constante en tu vida eres tú.

Quiero detenerme en la palabra “constante” y su definición. Me gustan las palabras. Así que les busco tantas aristas y dimensiones como pueda, porque pienso que mientras más profundice en ellas, mejor puedo comunicarme conmigo misma. Me gusta formarme mis propios significados.

Que tiene constancia o voluntad firme y continuada en la determinación de hacer una cosa o en el modo de realizarla. Que no se interrumpe y persiste en el estado en que se encuentra, sin variar su intensidad.
Como dice Aristóteles “Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito”. Los seres humanos tenemos muchos buenos hábitos y otros no tanto.  Los hábitos no son casuales, provienen de la constancia de hacer algo repetidamente y de cierta manera.  Los hábitos que amplifican nuestra vida, que nos permiten formar buenas relaciones, generar dinero y gozar de buena salud muy posiblemente tienen su origen en la autoestima, la flexibilidad, la compasión, el perdón, el sentido del humor y el no tomarnos las cosas de manera tan personal.  Por otro lado, los hábitos que limitan nuestra vida, que nos mantienen ocultos, pobres, cansados o enfermos se originan — entre muchos otros —  del perfeccionismo, el miedo, la procrastinación, los juicios, la falta de perdón y el que nos importe mucho lo que los demás opinen.
Si tú eres la única y verdadera constante en tu vida… ¿Qué hábitos quieres tener? ¿Qué hábitos vas a cultivar? Si somos lo que hacemos (pensamos, decimos, sentimos, dejamos de hacer, etc) cada día… de manera no interrumpida… ¿Hacia dónde va nuestra vida?
¿Te gustaría pasar el resto de tu vida contigo mismo tal como eres hoy? Si la respuesta es Si, sigue haciendo lo que sea que estás haciendo. Si la respuesta es un “No sé” o un “No”, observa tus hábitos (que se originan de lo que crees de tí mismo y del mundo a tu alrededor) y haz lo que haya qué hacer para cambiarlos y dirigirlos por un rumbo que te guste más. Si nunca habías pensado en esta pregunta, es un excelente momento para crear tu playlist de los hábitos, actitudes y creencias que te gustaría te acompañen de manera constante en tu vida.
Lo bueno de ser tu propia constante es que tú tienes todo el poder de elegir tus variables ¿Cuánto estás dispuesto a crecer y evolucionar cada día? La invitación es a ser una CONSTANTE DE CAMBIO.

Lecciones de vida desde mi cómoda sillita de playa

Estaba yo frente a mi computadora, tan cómoda como si estuviera sentada en una sillita de playa, teniendo una de esas conversaciones de trabajo como lo hago siempre. Durante una conversación de negocios, usando el corazón y asoleando mi trabajo, un desconocido me hizo un gran regalo. Me tiró al mar justo cuando venía una gran ola. Con raspones en el orgullo, pero con inmensa gratitud, empiezo a ver el mar con otros ojos.

sillita de playaHay verdades que nos llegan como olas que nos arrastran y nos dejan adoloridos. Cuando logramos levantar la mirada, podemos encontrarnos intranquilos y asustados. Esas olas vienen para despertarnos y no para ahogarnos. Tenemos la opción de enojarnos y odiar al mar por lanzarnos esa ola que nos sacó por completo de nuestra cómoda sillita de playa. O podemos aprovechar la situación para ponernos en serio con nosotros mismos y contruir algo con la suficiente fortaleza para permitirnos disfrutar el mar, el sol, el aire… y que para cuando haya tormenta, también sea nuestra fortaleza.

Lo que la gente nos dice – o no nos dice – puede dolernos, pero depende de nosotros si vemos en ello un regalo o una ofensa. Luego de un par de raspones y confusión, desaprobarnos a nosotros mismos no tiene ninguna utilidad. Tampoco la tiene el rebuscar en el pasado y tratar de entender en dónde me equivoqué. Estoy aquí, tomar mi poder personal y una buena decisión sobre hacia dónde quiero ir, es lo único que importa. Click To Tweet

P.D.: Me encanta la playa. Aunque a veces haya mal clima y la arena raspe. Porque también brilla el sol y ocurren cosas maravillosas, si estamos dispuestos a verlas.

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Cuando estoy a mi favor

“Mi lucha ha terminado. Estoy en armonía conmigo misma”.

Una meditación de 20 minutos guiada por Deepak Chopra hoy por la mañana, trajo a mi consciencia esta noción.

Dos frases aparentemente simples, pero que envuelven para mi, un inmenso tesoro. Entender que pasé una buena parte de mi vida luchando con los “deberías de”, los “tengo que” y otras formas de lenguaje y pensamiento limitante, y que ahora puedo hacer las paces conmigo misma y estar a mi favor… es sencillamente, un “aha moment” que apenas está revelándome el regalo que me trae.

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Las constantes voces en nuestro interior (las creencias que tenemos sobre la vida, la gente, el dinero, las cosas, el trabajo, los clientes, etc) pueden ser agotadoras si están en contraposición a nuestro libre albedrío. Crecimos con un sistema de creencias programado socialmente para llenar las expectativas de otros. Es de esperar entonces, tener un debate interno entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos.  El objetivo es unificarlos para llevar una vida más congruente y por lo tanto, feliz.

Cuando lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos están en disonancia, es como si estuviéramos divididos. Esa idea le da otra dimensión a la frase “divide y vencerás”. Cuando lucho conmigo misma, es como estar dividida. Pero cuando estoy a mi favor, dejo que las cosas fluyan en lugar de resistirme y luchar.

Cuando estoy a mi favor, uso todos mis recursos, ideas y genialidades para mi bienestar. Cuando estoy a mi favor, observo, escucho, pienso y me comunico mejor. Cuando estoy a mi favor, me acepto total e incondicionalmente. Cuando estoy a mi favor, puedo ver que los únicos obstáculos están en mi manera de percibir las cosas, y para cambiar eso tengo la libertad y las herramientas para transformarlo. Cuando estoy a mi favor, fluyo con la vida y la vida fluye en mi. #SoyLibre Click To Tweet

Así que cada día puedo empezar el día eligiendo ser mi mejor aliada. ¿Cuántas cosas podría lograr si estoy siempre a mi favor y en armonía conmigo misma?